El comienzo

mamografia

Desde los 20 años que hacerme el chequeo ginecológico anual al finalizar el verano es rutina para mí. Y siempre está todo normal. Soy una mujer sana, hago deporte, evito las comidas industriales y fui vegetariana estricta la mayor parte de mi vida. Este año, en enero, mientras pasaba por afuera de la consulta de mi ginecóloga, tuve el impulso de subir a pedir una hora (extraño, porque siempre pido hora por teléfono). Milagrosamente tenía hora para el día siguiente. Al examinarme sintió un “bultito” en mi pechuga derecha. A pesar de hacerme el auto-examen por lo menos unas 6 veces al año, nunca lo había sentido y en realidad, era súper notorio. No me preocupé mayormente porque a los 15 años tuve un quiste benigno en la pechuga izquierda que se disolvió con hormonas. Al día siguiente fui a hacerme una eco mamaria. El médico comenzó por la izquierda, la examinó un par de minutos y todo normal, como cualquier otra eco. Cuando puso el ecógrafo en la derecha le cambió la cara. Le dije “Doctor, si es cáncer dígame de inmediato”. “No puedo decirte eso” y silencio total mientras pasaba y pasaba el ecógrafo por mi pechuga derecha. Nunca me habían hecho una eco mamaria tan larga. Volvió a pasarla por la pechuga izquierda, luego nuevamente en la derecha. Yo estaba acostada en la camilla y me pidió que me sentara con las manos en la nuca y pasó el ecógrafo por las axilas. Nunca me habían examinado así. En ese momento supe que probablemente el “bultito” era cáncer. Cuando terminó de examinarme me dijo, en la tarde va a estar listo el informe, pero pídele de inmediato a tu médico una orden para una mamografía para que te hagas una lo antes posible. Llegué directo a casa a googlear “cáncer de mama”. Yo me sentía sana, en la pechuga no tenía ninguna molestia ni se veía nada raro, decía “no puede ser”, todavía no muy convencida, pero preocupada. Busqué los factores de riesgo y sólo cumplía con uno: no haber tenido hijos antes de los 30 años. No tenía idea que el embarazo era un factor protector para el cáncer de mama. En esa época tenía 33 años. Al día siguiente, a las 08.30 de la mañana, me estaba haciendo la mamografía. La chica que me la tomó me dijo “no te vistas todavía, voy a ir a revisar las placas par ver cómo salieron, puede que tengamos que tomar otra. Espérame aquí”. Y se demoró harto. Cuando volvió, venía acompañada del radiólogo, que muy serio me dijo: “pide hora de inmediato a tu ginecóloga, que te vea hoy mismo”. Le pregunté: “¿Es cáncer, verdad?. “No te puedo decir eso, pero no puedes perder el tiempo”, contestó. Me vestí y salí pálida, o al menos así me imagino. Y mi primer pensamiento fue: ¿Qué quiere simbolizar mi cuerpo con esto? (un par de meses antes había leído “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer” de la ginecóloga Christiane Northrup) Pensaba: “No puede ser. No me puedo morir. ¿¿Como justo ahora que soy feliz (durante mucho tiempo no lo fui) me voy a morir?? ¡¡La vida no puede ser así!!”. A las 3 de la tarde estaba en la consulta de un oncólogo mostrándole las placas. Me dijo: “Tienes que hacerte una biopsia, hay un 95% de probabalidad de que sea cáncer”. Le pregunté: “Doctor, ¿cuántas imágenes como ésta ha visto en que los resultados de la biopsia son benignos?”. “Ninguna”, contestó.

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