El cáncer de mama se supera

169 Recibir un diagnóstico como el cáncer puede ser demoledor. Estamos acostumbradas a escuchar sólo casos de personas que han muerto, pero muchas han sobrevivido y han podido tener hijos, incluso después de la quimioterapia.

Karen Poniachik, ex ministra de minería de Bachelet, fue diagnosticada el año 2000, a los 35 años. Y el 2007 tuvo a su primera hija. Puedes leer la entrevista de Revista Paula aquí.

Tengo cáncer de mama ¿Y ahora qué?

Cuando recibí los resultados de la biopsia fue la confirmación de un diagnóstico que ya sospechaba: le había preguntado a dos oncólogos y a la radiológa que me tomó la biopsia cuántas imágenes de un tumor como el mío habían visto que en los resultados de la biopsia dijeran que no era cáncer y los tres me respondieron lo mismo: ninguno. Sumada a la información que había estado leyendo en internet, yo estaba 99.9% segura de que era cáncer. El  0.1% correspondía a la esperanza de un milagro. A veces esos porcentajes variaban, aumentaba el 0.1% de esperanza, pero eran momentos de negación. Lo que más desgasta en esos días de espera del resultado es la incertidumbre. Recuerdo que me tocaba la pechuga a cada rato para sentir el tumor y pensaba “cómo no lo sentí antes”. Un año atrás mi ginecológa no había encontrado nada. Por eso son tan importantes los exámenes ginecológicos anuales. Me miraba al espejo y mi pechuga se veía como siempre. No tenía ningún síntoma físico extraño, me sentía sana. Mis exámenes de sangre estaban excelentes, todos los parámetros dentro de los rangos normales. ¡¡Me sentía mejor que nunca y tenía cáncer!!

Había momentos en que no lo podía creer. Otros en que lloraba de pena. La rabia fue el último sentimiento al que pude acceder. Al principio era desconcierto y pena. Después de la confirmación del diagnóstico pasé unas 2 semanas muy preocupada porque no sabía si había metástasis en mi cuerpo, es decir qué tan extendido estaba el cáncer. Si además de la pechuga estaba en otro lugar de mi cuerpo. Lo cual cambiaba todo el panorama. Tampoco lo conté a muchas personas, al principio no quería que nadie supiera. No quería que me miraran con lástima, con cara de “pobrecita, se va a morir”. Sólo lo sabía mi marido, mi familia y un  par de  amigos cercanos. En la pega sólo un buen amigo lo sabía. Así que también era complicado seguir funcionando en el trabajo haciendo como que estaba todo OK. No quería contar en el trabajo hasta saber qué tratamiento tenía que hacerme y si iba a poder compatabilizar ambas cosas o debía tomar una licencia extendida.

En esos días recuerdo que tuve unos sueños macabros: soñaba con fusilamientos falsos, que me disparaban en una sala de clases, caía al suelo y luego me decían “era broma”. Yo les respondía “¡¡pero con eso no se juega!!”. Hasta que un día soñé que estaba a orillas de un lago, la luna iluminaba la noche y el agua estaba quieta. Había mucha paz, pero yo sabía que había un monstruo marino adentro. Estaba de pie sobre un muelle y me tiraba un piquero para nadar bajo el agua. Me llamaba la atención hacer eso porque sabía que había un monstruo marino adentro, pero lo hacía igual. Recuerdo que me llamó mucho la atención el que pudiera respirar bajo el agua. Nadé mucho. De pronto apareció el monstruo marino, pero yo no sentía miedo. Nadaba al lado mío, era gigante, pero sólo me rozaba, no me atacaba. Después veía el paisaje desde lejos y podía verme de pie a la orilla del lago observando el horizonte, eran como dos yo al mismo tiempo. Seguía siendo de noche, pero era una noche clara, llena de luz de luna. El despertar fue muy extraño pero lindo, porque tuve la CERTEZA ABSOLUTA que no tenía metástasis. Que iba a salir bien de todo esto. Y ese sentimiento me ha acompañado en todo este proceso.

Durante los 15 días posteriores a la entrega del resultado de la biopsia y mostrársela al oncólogo para que confirme el diagnóstico, hay que tomar una serie de exámenes para saber si hay metástasis: tomografía de pulmón, ecografía de vísceras, cintigrama óseo y exámenes sanguíneos. En mi caso, afortunadamente el cáncer sólo estaba localizado en la mama derecha. Por lo que sólo quedaba programar la operación. Decidí operarme a fines de marzo, había comenzado con la terapia del muérdago (lo explicaré en otro post) y quería ver si lograba reducir el tumor en 1 mes. Consulté con el médico cuánto riesgo corría esperar 1 mes y no 15 días para operarme y me dijo que nada. Así que lo hice. Además sentía la seguridad de que todo iba a estar bien. Sin embargo, a veces, me bajaba la angustia y pensaba “Oh, no, el cáncer se está extendiendo!”. Por ejemplo, me salió un lunar y fui inmediatamente a la dermatóloga para que descartara que era cancerígeno. Es normal ponerse así. Lo he conversado con otras pacientes, psicólogos y médicos. Pero esos momentos eran los mínimos, primaba la seguridad. Me sentía como entregada a la vida. La otra incertidumbre que hay que manejar es no saber si hay ganglios en la axila comprometidos hasta el día de la cirugía. Tiene mucho mejor pronóstico un cáncer con ganglios sanos.

En esos días recuerdo caminar por la calle haciendo mi vida normal y pensar “¡pero si tengo cáncer!”, me invadía un sentimiento de irrealidad. Decidí comenzar con psicoterapia para que me apoye en este proceso. Descubrí a Jennifer Middleton, una psico oncológa chilena que escribió un libro buenísimo: “Yo (no) quiero tener cáncer” que me abrió aún más los ojos para entender qué simbolizaba el cáncer en mi cuerpo. (Puedes ver un video de cuando estuvo en el programa “Una belleza nueva” de Cristian Warken aquí) Ella me ayudó a enfrentar la incertidumbre y prepararme psicológicamente para la cirugía.

También comencé con tratamientos de  la medicina antroposófica y acupuntura que me han mantenido equilibrada psicológica y físicamente hasta hoy. Casi todas las pacientes que he conocido y que están en la misma situación que yo están con depresión, crisis de angustia, insomnio y tomando medicamentos para controlarlo. En mi caso, afortunadamente, nada de eso ha sido necesario.

Si en este momento te acaban de diagnosticar cáncer tienes dos opciones: comenzar con quimioterapia para disminuir el tamaño del tumor (quimioterapia neoadyuvante),  realizar la cirugía.  y que después sólo te realicen quimioterapia posterior (quimioterapia adyuvante) , sólo radioterapia posterior, o ambas.  En mi caso, no fue necesaria la quimioterapia antes de la cirugía. Así que la programación era la siguiente: cirugía, reposo 1 mes y luego comenzar con la quimioterapia preventiva durante 6 meses. Tampoco fue necesaria la radioterapia

Si todavía estás en edad fértil, es importante saber que la quimioterapia puede producir esterilidad. Debes conversar con tu oncólogo y quimioterapeuta qué opciones tienes  para preservar tus ovocitos. En mi caso, a los 15 días de la cirugía comencé con la estimulación ovárica para poder congelar mis óvulos. No podía hacerlo antes porque mi tumor tenía receptores positivos de estrógenos y había que sacarlo de mi sistema primero. (En otro post contaré de qué se trata todo ese proceso)

Y así llegó el 25 de marzo, el día de la cirugía.

(Cotinuará)